Sigue ocupando la mitad de su cama, aunque él se fue hace tiempo y no dejó nada. Sigue esperando que entre por la ventana y que le diga: “ya paso, no fue nada. Empezamos mañana”. Entra en los bares, los convierte en farmacias; se pide copas de alegría inventada. Roba los besos con su tierna mirada y se los lleva en la cartera a su casa, pero no se contagia.
Cuando la noche no existe y todavía no empieza mañana, ella se acuesta en su cama, sin su mitad mas deseada. Si la encuentras en la ciudad, solitaria, seguro te invita a mirar su mirada.
Nunca le digas que la ves derrotada; decile que va a encontrar…
Vas a encontrar a tu mitad mas deseada. Vas a encontrar a tu mitad.
La fugaz tormenta de la noche anterior, fue terrible y el caos que se generó, fue literalmente abismal. De pronto, las leyes de la gravedad dejaron de tener efecto y el planeta volvió a ser plano y todo lo que en él se encontraba - absolutamente todo - comenzó a caer a un vacío inexistente. En un instante eterno, el tiempo perdió cualquier vestigio de velocidad y todo se volvió muy lento y agonizante. Entonces, miré a mí alrededor y el medio me espantó; intuí que nada volvería a ser igual una vez que se limpiaran, finalmente,las impurezas que tan impactante temporal había dejado.
Ya no me conocía ni conocía a aquellos hombres y mujeres que simulaban tener interés en mí. Aquello que me rodeaba diariamente y de lo que yo consideraba estar al tanto en un modo sincero, transparente y simple, pues ya no tenía idea de lo que significaba. El tormento de palabras, insultos y muestras de desilusión de la pasada noche habían des-cubierto cualquier tipo de verdades ocultas que a todo ser racional pueda ocurrírsele: descubrí la falsedad per se, descubrí elegoísmo elevado a su mayor exponente, la falta de respeto (y no como un recurrente lugar común), descubrí también el individualismo descarado y una soledad multitudinaria que intimida. Es decir, no saben estas personas, realmente, quién está a su lado o qué le sucede, sólo saben que ahí está. Cada uno de ellos está en verdad solo, pero ninguno se animará nunca a reflexionar sobre esto; digo, no todos están preparados para darse cuenta o admitir que, al fin y al cabo, con lo único que física y efectivamente contamos es con nosotros mismos. Por esto es que se aferran unos a otros, sin darse a conocer de modo sincero y honesto, sin saber quién es ciertamente el otro sujeto. En definitiva, es un buen negocio: todos estaban solos; ahora están solos juntos.
Pasado el choque original, el viento aún soplaba muy fuerte y ahora hacían grados bajo cero –o al menos eso percibía mi espíritu. Luego de ese apocalíptico episodio y ya comenzando el día siguiente, todavía era de noche y me encontraba caminando por la calle que, con su nombre, hace mención a la fecha en que el pueblo argentino consiguió el carácter de independiente. Sentía que volaba o, al menos, que iba marchando por sobre la tierra. Comencé a dejar de sentir mis manos, me resultaba casi imposible moverlas, incluso dentro de mis bolsillos, y con mis ojos veía imágenes muy difusas. La luz de los faroles que alumbraban las calles se expandía mostrando unos rayos falsos que imitaban a los del sol, aún dudoso de salir con toda su brillantez luego de enterarse de los horrores de la noche anterior. Supuse que el sol estaría considerando que realizar una salida espectacular como le es usual, sería inapropiado y daría la impresión de estar desinteresado de lo ocurrido. Supuse, una vez más, que el mismo no querría generar mayor conflicto y que por eso no culparía al sol y, para mí, sería de noche todo el día.
Conforme me acercaba al núcleo del conflicto, comencé a temblar; no sé si fue el frío o qué fue pero, en general, nunca tiemblo. Pensé que podría ser el hecho de sentir que ya no conozco nada ni a nadie y que el mundo, nada ni nadie me conocen a mí. Fui quien criticó durante años el sistema en el que muchos de los jóvenes se desenvuelven en la actualidad, un sistema basado en la mentira, en el fenómeno del gossip y en lo superficial. Durante años apoyé a quienes habían sido afectados por el mismo y ahora, dado lo sucedido, solo creo que su mismísima fuerza centrípeta se apropió de mi accionar y me hizo caer en la propia trampa de mis mejores sentimientos, podría decir, los más sinceros y más puros que haya tenido jamás. ¿Cuán paradójico puede sonar esto, cuando hay que admitir que estar tan feliz puede luego arruinarlo todo?
Lo que sentí es una sensación de devastación tan definida y absoluta que, de alguna forma extraña, me paralizó y, aunque todavía podía caminar, no podía hacer nada más. Tal vez la mismísima naturaleza me obligaba a seguir adelante; digo, no podía hablar porque temblaba y cualquier palabra que articulara sonaba como un simple balbuceo; lo que veía era borroso y la luz, dispersa; mis manos estaban casi congeladas ypor ello me era complicadísimo llevar cualquier acción a cabo por completo, entonces solo podía caminar. El clima (parte de la naturaleza) había generado condiciones para mantenerme en camino, para no complicar (aún más) la situación. Debía seguir caminando por la calle mencionada y luego enfrentar el conflicto.
Aquello que más me inquieta, me aflige y me genera una impotencia indescriptible es observar cómo, a fin de cuentas, quien permanece de pie es casi siempre el falso, el deshonesto, el que mejor encubra su verdadera personalidad y, a su vez, mejor esconda su sinceridad. Quien sea menos transparente y más chismoso es quien ríe último en esta historia. Eso es algo que no todos pueden soportar.
Entonces, dime: en cuanto al mundo, mí mundo, cuando tú salgas, ¿en qué se habrá convertido?