Es extraño:
Despertarse luego de una noche en la que se había conciliado un sueño profundo y tener la impresión de estar en un lugar desconocido; como si se viniera de otro mundo, de alguna parte poco visitada pero que, aún así, resulta algo familiar. Uno comienza a sospechar de los sueños, pero al mismo tiempo se tiene la duda de haber estado realmente allí. Algunas imágenes comienzan a transitar por nuestra mente, pero nada nos convence. Es insólito lo que se siente, porque se tiene la sensación de estar enamorado de aquello que acabamos de vivir, que no sabemos con exactitud qué fue ni cómo ocurrió, pero se intuye que han sido buenos momentos. Así, resulta placentero saber que, tal vez, hace unas horas, pasamos un buen rato de una forma no convencional.
No, uno no quiere descubrir la verdad de estos casos, porque de haber sido un sueño, nos quitaría todo tipo de esperanza de ser realmente concretado; por lo que uno prefiere pensar que los guardianes de los sueños de nuestro país de las maravillas, nos han cerrado las puertas y ventanas, y que de esta forma nos impiden espiar y descubrir aquel paraíso que, de alguna manera inexplicable, visitamos la noche anterior.
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