septiembre 25, 2008

ONE

Mientras hablamos, su mano acaricia mi brazo y sus palabras llegan a mis oídos como una melodía que me genera paz. Nos asombra tener tantas cosas en común. En cuestión de minutos, pretendemos descifrar la vida del otro y nos alegra descubrir que los dos somos personajes de un mismo cuento (que no es de hadas). Es algo mágico, nos conectamos de un modo ideal.

Ahora, es momento de despedirnos. Sí, voy a extrañar su armonía pero, esta vez, tenemos el mayor consuelo: hace un rato fuimos uno.

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