septiembre 24, 2008

Los niños de la noche

Las risas siniestras de los niños de la noche, se oyen a través de la ventana de mi cuarto e interrumpen mi lectura, sobresaltándome. Imagino qué clase de picardía estarán realizando allí afuera. Lo de siempre, seguro. 

Sus voces inmaduras, aunque solo reproduzcan un balbuceo de frases incoherentes, me intimidan, impidiéndome espiar a través de la ventana para descubrirlos actuando en la oscuridad. 

Por las voces que identifico, parecen ser dos. Están jugando; se escuchan sus pisadas mientras corren y los ladridos de los perros callejeros que los persiguen nerviosos. 

De repente: alguien comienza a golpear dos chapas entre sí y eso produce una repercusión que genera suspenso. Uno de los traviesos, automáticamente,  comienza a llorarles a todos los santos, mientras el otro continúa riéndose de modo tétrico. 

De uno me aterra la risa y del otro, no comprendo el llanto. ¡Estos diablillos!, ¿qué se traerán entre las manos? 

Nuevamente ese sonido. 

Esta vez: se oye el impacto de algún objeto de metal golpeando contra algo que no sé qué es. El sonido no repercute como antes. 

Esta vez: los santos ya no reciben llantos ni plegarias. Reciben al creyente.

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